Piel sensible y piel alérgica: diferencias

Piel sensible y piel alérgica: diferencias

Piel sensible y piel alérgica: diferencias

Piel sensible y piel alérgica: diferencias. Salud y bienestar.

 

Si percibes que tu piel se enrojece con facilidad, se irrita con diferentes productos, sufres de picazón ante el contacto con cosas que no deberían provocarlo, puede que tengas la piel muy sensible o que sufras alguna alergia. Pero es importante distinguir una condición de la otra, ya que el abordaje para evitar los síntomas es diferente.

Lo primero es que un dermatógo es el profesional indicado para determinar qué tipo de piel tienes y los cuidados recomendables en cada caso.

Pero para saber, las pieles que requieren cuidados especiales se dividen en dos grupos. Por un lado, están las pieles sensibles o intolerantes, que suelen ser un verdadero desafío diagnóstico para los dermatólogos. Se trata de aquellas pieles que presentan una respuesta exacerbada frente a determinados productos o situaciones que en pieles normales no producen ninguna reacción.

En las pieles sensibles, las terminaciones nerviosas a nivel de la piel son más receptivas a los estímulos, generando manifestaciones de diferentes tipos, muchas de ellas molestas por lo que producen, como picazón, escozor, tirantez, calor, ardor, incomodidad. Se pueden dar también signos visibles de esa reacción, como enrojecimiento o hasta descamación. Las causas y situaciones que irritan una piel sensible se presentan en un amplio abanico: el clima, radiaciones solares, contaminación, cosméticos inadecuados, toma de ciertos medicamentos, tratamientos estéticos, aunque también pueden darse con fatiga, estrés, alimentación desequilibrada, o ciertas patologías de la piel. El diagnóstico de sensibles o intolerantes a veces depende más de la intensidad con que manifiestan los síntomas que hemos descrito.

En las pieles alérgicas es el sistema inmunológico el que juega un papel en las manifestaciones. Se da lo que se llama una “hipersensibilidad retardada”, es decir, la piel o el organismo se ha puesto en contacto con una sustancia, que las células inmunes reconoce como extraña o agresiva, que se la denomina “antígeno”. Para contrarrestar su acción, nuestras defensas crean “anticuerpos” contra esta sustancia. En el primer contacto no ocurre nada pero, en el segundo y los sucesivos, cuando la persona alérgica contacta con el antígeno se desencadena una reacción alérgica, de tipo inflamatorio.

La alergia es – básicamente – una reacción individual de nuestro sistema inmunitario, frente a sustancias normalmente bien toleradas por la mayoría de las personas. Esto implica que cualquier sustancia es susceptible de provocar una reacción alérgica.

Las alergias son de diferentes tipos: ambientales (pólenes, plantas, hongos), medicamentosas, alimenticias, de contacto o solares. El 78% de ellas tienen un impacto sobre la piel, que se manifiesta con síntomas como enrojecimiento, inflamación, descamación en placas, vesículas, costras, edemas, fisuras, así como sensaciones de quemazón, picazón, calor o tirante.

Ocurre que, aunque son fenómenos diferentes, a veces es complejo establecer un correcto diagnóstico, por que en los síntomas las diferencias no siempre son claras. Por ello, el especialista ordenará realizar determinados estudios médicos que permitan dilucidar la causa.

Con un diagnóstico certero, hay que considerar que muchos componentes cosméticos, que no causan reacción alguna en pieles normales, pueden ser irritantes en pieles intolerantes o alérgicas. Por ello, las formulaciones para pieles sensibles prescinden de ellos. Algunos perfumes y conservantes suelen ser los productos que más reacciones generan. Cuando se crea una crema para pieles sensibles, se analizan estrictamente todos los compuestos, para dar con una formulación lo más depurada posible. Por ello, tanto los ingredientes como el propio envase deben ser lo más puros posibles, de la mejor calidad y menos agresivos con la piel.

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