La inteligencia emocional en los niños. Su importancia

La inteligencia emocional en los niños

La inteligencia emocional en los niños. Su importancia

La inteligencia emocional en los niños. Salud y familia.

 

El concepto de inteligencia emocional data de 1990, lo desarrollaron los psicólogos Peter Salovey y John Mayer y señala que se trata de la “capacidad para identificar nuestras propias emociones, sentirlas, regularlas y expresarlas, así como poder reconocer las de los demás”, en una definición de la psicóloga Julia Vidal. Nuestros niños, actualmente, son capacitados en las más diversas áreas pero sin embargo, se sigue subestimando la necesidad de ayudarlos en el desarrollo de su inteligencia emocional.

Esto implica, básicamente, educar en el manejo de las emociones desde niños, con el firme objetivo de alcanzar una regulación emocional, mejor autoestima, desarrollar el potencial de cada uno, mejorar las relaciones y gestionar mejor los conflictos.

Al día de hoy, no es en la mayoría de las escuelas donde se imparten programas de desarrollo de las emociones, lo que podría ser clave para logran una sociedad menos violenta y con una forma de resolver sus conflictos más eficiente.

Las falencias en inteligencia emocional son muchas en nuestras sociedades, lo vemos en la falta de comunicación en las familias, en la crispación con la que suele actuar la gente en muchas situaciones cotidianas donde convivimos con otros ciudadanos en nuestras ciudades, o en los elevados índices de violencia de todo tipo. Como sociedad, no nos detenemos a analizar qué se siente en cada momento y por qué lo siente. Estamos llenos de miedos, dificultades para ser asertivos, no sabemos decir que “no”, nuestras carencias y déficit están a la vista por todas partes.

La educación emocional en los niños parte de trabajar en cada una de las cinco emociones básicas y universales: alegría, tristeza, miedo, ira y asco. Se trabajan las emociones y las habilidades sociales, haciendo foco en la empatía, clave para relacionarse con los demás.

Es importante enseñarles a reconocer y describir las emociones, a detenerse a pensar, para – por ejemplo – moderar un enfado, regularlo, llevarlo a resolución de forma asertiva. Se les muestran estrategias cognitivas que pueden desarrollar como aptitud.

Se utilizan herramientas como el medidor emocional, que mediante colores es posible llevar un registro de lo que sienten cada día.

La idea es que el niño tenga una bitácora de sus emociones para comenzar a prestarles atención, y ver qué hace con ellas, para comprender por ejemplo por qué se enfada frecuentemente.

Es importante también trabajar en el vocabulario de los niños, para que tenga formas de describir y relatar lo que sienten, de forma acertada. Aprender a expresar las emociones les valdrá muchas ventajas y beneficios en su vida, en su relación cotidiana con los demás.

La inteligencia emocional hace a los niños menos violentos, con menos acoso en las escuelas, con menos fracaso escolar. Se puede comprender, por ejemplo, que la envidia es una emoción normal, pero que eso no debe significar dañar al otro, sino trabajar más en uno mismo para alcanzar las propias metas. También habrá niños menos ansiosos, menos hiperactivos, pues aprenderán a identificar qué es lo que los inquieta para autorregularse.

En tiempos donde lo que prima es la competencia en todos los órdenes, es tiempo de dejar de saturar a nuestros niños con el aprendizaje de conocimientos y destrezas desordenado y excesivo (idiomas, deportes, ciencias) y en todo caso, enfocarnos en lo verdaderamente importante en la infancia: aprender a ser personas felices. Lo demás, llegará sin mayor esfuerzo.

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