Cómo detectar si tu hijo es maltratado en el jardín de infantes

Cómo detectar si tu hijo es maltratado en el jardín de infantes

Cómo detectar si tu hijo es maltratado en el jardín de infantes

Cómo detectar si tu hijo es maltratado en el jardín de infantes. Salud y familia.

 

En esta época del año, muchos pequeños están viviendo su primera experiencia fuera del hogar, al comenzar su jardín de infantes. En el caso de los jardines maternales, donde asisten niños desde pocas semanas de vida a los tres o cuatro años, el gran temor de los padres es que sus pequeños sean maltratados y no poder detectarlo, ya que a esas edades los bebés no hablan o no saben expresarse. Veamos qué tener en cuenta para detectar cualquier anormalidad, ya que cualquier niño dará algún signo de maltrato que sus papás podrán descifrar.

En el caso de la violencia física o sexual – el peor de los escenarios – los signos suelen ser más evidentes. Si el niño aparece con moretones con excesiva frecuencia, si sus genitales están irritados, si muestra conductas sexualizadas que no son normales para su edad, es momento de encender todas las alarmas. A estos signos se sumarán los otros que detallaremos a continuación, aunque suelen ser más marcados y evidentes.

Afortunadamente, estos casos extremos son raras excepciones. Lo primero es elegir el jardín de nuestros hijos con toda seriedad, recorriendo varios establecimientos, tratando de recolectar todas las referencias que podamos, exigiendo el cumplimiento de todas las reglamentaciones, normativas y habilitaciones vigentes en nuestra ciudad. Es importante preguntar a otros padres cómo ha sido su experiencia, y no priorizar únicamente cuestiones de comodidad como la cercanía o los horarios. Es ideal si se puede consultar a alguna conocida que sea docente de nivel inicial, pues entre ellas suelen conocer desde dentro el funcionamiento de las distintas instituciones.

Lo que es mucho más habitual de lo que creemos es el maltrato psicológico, que puede ir desde gritos a insultos, pasando por desatención y negligencia, hasta amenazas. Es lógico que un grupo de niños de tan corta edad puedan hacer mella en la paciencia del personal a su cargo, pero eso no puede justificar bajo ningún punto de vista que no se los trate con el respeto, cariño y atención que merecen. Los padres depositamos en este tipo de lugares lo más preciado que tenemos que son nuestros hijos, y merecemos poder quedarnos tranquilos. La realidad es que en salas de niños pequeños, no es poco frecuente encontrar que son maltratados de esta manera, y es a detectar este tipo de situaciones que apuntamos en este artículo.

Hay que tener en cuenta que en nuestra cultura occidental, solemos desestimar los sentimientos y reacciones de los pequeños con pasmosa rapidez. Ante cualquier cambio de conducta o manifestación de estrés o angustia, nos apuramos a tildar a nuestros hijos de “caprichosos”, “malcriados”, “quiere llamar la atención”, entre otros. Mamá y papá son para un niño todo su universo, esperan que siempre los protejan. Mal podemos hacerlo si automáticamente descalificamos sus sentimientos. Tener respeto por nuestros hijos, empatía por su situación y punto de vista, paciencia, y una actitud amorosa y cuidadosa ayudará a que cualquier signo de que algo no anda bien, nos resulte evidente.

El niño, por pequeño que sea, evitará ir a donde no es bien tratado. Pasado el período de adaptación (a lo sumo el primer mes o dos), donde es normal que el niño se angustie y se resista a quedarse en el jardín, lo lógico es que el propio niño elija ir al jardín, o al menos no muestre más resistencia, y que al ir a retirarlo, lo encontremos relajado y contento. Si con el correr de las semanas el pequeño no se muestra cada vez más a gusto y acostumbrado al lugar, sino por el contrario se pone cada vez más resistente, es momento de prestar atención. Quizá ni siquiera haya un maltrato, pero nuestro hijo o hija merece que busquemos otro lugar donde se sienta más cómodo.

Los padres deben estar atentos a los cambios de conducta: un niño maltratado puede volverse más agresivos, o más introvertidos; aislarse o estar más irritables. A veces, pueden presentar temores extraños que antes no tenía. Un conocido caso de maltrato en Argentina fue detectado porque una niña empezó a mostrar pavor a la hora de bañarse (era amenazada con ser ahogada en una piscina). También se la escuchó a la niña decir malas palabras y tener cambios de humor repentinos.

Pueden verse ante situaciones de estrés o angustia trastornos en el sueño (dificultad para dormir, pesadillas, sueño intranquilo), en la alimentación (no quiere comer) y dificultades para retener la orina o la materia fecal (cuando ya había logrado el control de esfínteres). Son los mecanismos que ellos tienen para decirnos que algo no anda bien. Llorar y batallar cuando tenga que ir a la guardería, o parecer asustado alrededor de quien lo cuida o de otros adultos también deben ser situaciones observadas. Rechazar el afecto de los padres o por el contrario, volverse apegado, pueden ser otros signos de alerta. Es probable que no aparezca uno solo de ellos aislados, sino que seamos capaces de ver dos o tres de estas conductas, lo que enseguida nos tiene que hacer sospechar.

Algunas instituciones ofrecen un servicio de webcam que permite a los padres en cualquier momento que lo deseen, ver qué están haciendo sus hijos. La apertura del personal a que los padres puedan ingresar en cualquier momento y la transparencia con la que se manejan, son buenos indicadores.

Lo más difícil en estos casos es vencer la negación de los propios padres, quienes muchas veces se resisten a creer que esas personas simpáticas pueden estar maltratando a su bebé. Escuchar el instinto, no tratar de tranquilizarse sin más, sino que actuar y averiguar, harán que defendamos a nuestros hijos ante cualquier situación de maltrato a la que puedan verse expuestos.

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