Cómo los niños aprenden los números. La escuela y la familia

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Cómo los niños aprenden los números. La escuela y la familia

Cómo los niños aprenden los números. Educación primaria.

Existen dos realidades en torno a los niños y los números. Por un lado antes de ser escolarizados ellos presentan interés en aprender, a conocer el valor del dinero, deducen o resuelven problemas matemáticos simples sin haber tenido instrucción alguna. Tan solo ir a comprar a un kiosco, recibir una recompensa en monedas o jugar a comprar y vender, hace que el pequeño maneje los cálculos aun antes de tener conocimientos concretos, que son los que luego proveerá la escuela.

Por otra parte, cuando ya se ven inmersos en el ámbito escolar observamos con frecuencia que las matemáticas suele ser un área del aprendizaje que conflictúa al niño, generando en él situaciones de estrés a las que le siguen dificultades para resolver inconvenientes sencillos.

El interés que mostraba de más chico, desaparece al igual que su facilidad para la resolución de problemas. Ello se debe, en parte, a que las operaciones matemáticas más llanas o el simple conteo de números (contar de dos en dos hasta el 100, ordenar de menos a mayor, etc) no resuenan en el niño; no encuentra en ello una asociación directa con situaciones palpables de su vida diaria.

Diferente es ver con que velocidad ellos incorporan esta información cuando se trata de contar los minutos en un partido en el área de Educación Física, o en los paseos escolares y familiares, cuando ven los carteles de las distancias y comienzan a preguntar cuánto falta para llegar. Es así que se les explica cuántos kilómetros faltan, su equivalente en cuadras y hasta en metros para que manejen las dimensiones de tiempo y distancias y las relaciones entre ambas. La información que adquieren de esta manera se fijará más fielmente y, es probable, que no se olvide nunca.

Esta manera de percibir la realidad en los niños despierta en ellos curiosidad, que es lo más fecundo cuando de aprendizaje se trata. Esto no le quita confiabilidad al carácter formativo de la escuela, simplemente hay que comenzar a complementar los aspectos de la vida cotidiana con el aprendizaje, para que los niños vean la utilidad de aprender. Es en este sentido donde la familia ha de aportar su colaboración. Aplicar lo que se les enseña a los niños, en la escuela, de manera práctica en el hogar.

Lentamente, pero no por eso menos meritorio, las instituciones escolares y algunos docentes más que otros, van tomando la iniciativa de promover el uso de los números ubicándolos en contextos concretos de la vida diaria del pequeño.

De esta manera, desde jardín de infantes, puede transmitírseles a los niños que han nacido en un día, un mes, un año y en un determinado horario. Esto ayuda a que ellos comprendan para qué están los números, de manera continua y cotidiana.

Por ejemplo: marcan las horas del reloj y por lo tanto el tiempo. Se utilizan para saber a qué hora tienes que levantarte para ir a la escuela y organizar las actividades del día.

También las numeraciones en las casas sirven para que distingas cuál es tu hogar.

Los números nos identifican, porque todas las personas tenemos dígitos únicos e irrepetibles que juntos forman lo que se llama Documento Nacional de Identidad.

Los números telefónicos son muy importantes y te ayudan a comunicarte con personas cercanas para saludarlas o en caso de que te pierdas en alguna celebración o parque.

Los dígitos numéricos están presentes en todos lados y su uso es indispensable para todas las personas, cualquiera sea el lugar donde se muevan.

Es en ello donde radica la importancia de aprender a transmitir el valor de los números más allá de su uso académico y didáctico. En definitiva de nada vale aprender de manera precoz, a corta edad, a contar hasta el infinito –como suele pasar en los niños sobrestimulados- si no se conocen los contextos en los que van a ser utilizados y el “para qué” de su manejo y aprendizaje.

Acerca de Gisela Jacob 22 Articles
Nací en Paraná, Entre Ríos un 8 de Diciembre del año 1982. Actualmente soy madre de tres hijos Florencia, Tiziano y Sofía. Terminé hace tiempo de cursar la carrera de Psicología. Mi pasión por la escritura la traigo desde pequeña y junto con eso una profunda devoción por la vida y lo que ella me inspira.
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