Aprender a escuchar una virtud que podemos desarrollar

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Ser un buen oyente es sin lugar a dudas una virtud que hará que nos aprecien más nuestros amigos, familiares y nuestra pareja. En este mundo de ritmo tan frenético, es habitual que tengamos ansias de decir lo que pensamos, de dejar claras nuestras ideas, pero sin detenernos a escuchar las del otro. Por eso, aprender a escuchar es ante todo un hábito que tenemos que trabajar.

Si bien de lo que se trata es de cultivar la paciencia, algunas pautas y consejos pueden ayudarte a que aprendas a escuchar, y te conviertas en un buen oído.

Lo primero parece obvio, pero no lo es: prestar debida atención. Estamos acostumbrados a hacer varias cosas a la vez, pero para escuchar hay que dejar lo que se esté haciendo, deja el bolígrafo, y en especial, aléjate del teléfono móvil. Escuchar es mirar a los ojos y concentrarse en lo que te están diciendo – aunque lo creas equivocado o irrelevante.

Aprender a escuchar una virtud que podemos desarrollar

Ayuda a tener una conversación relajada. Toma una actitud relajada, y deja a la otra persona también relajarse. Respiren hondo, tómenlo con calma, aún cuando sea un tema espinoso. Ya has dado el paso más importante para escucharse y dialogar. Ayudarás al otro a decir mejor lo que venía a decir.

Manifiesta con tu lenguaje corporal que estás escuchando en forma calma. Muestra interés en lo que dice el otro, asintiendo, sonriendo o con gestos similares.

No interrumpas, escucha primero a quien tuvo la inquietud de hablar contigo sin entorpecer. La persona se sentirá confiada y aflorará su sinceridad.

Muéstrate como una persona cálida, que quede bien claro que está interesado, pídele a tu interlocutor que te ayude a entender el problema.

Repite lo que acabas de escuchar varias veces a lo largo de la conversación, hasta que tu interlocutor te diga «sí, exactamente». Usa las mismas palabras que le dijeron, no agregues nada tuyo. Esto hará más fácil comprender al otro.

No escapes al silencio, porque momentos de silencio en la charla permiten reflexionar sobre lo que la otra persona ha dicho. Aunque parece incómodo, no le huyas.

Enfócate en el problema y no en la conducta, pues las emociones pueden distorsionar cualquier situación.
Responde, al menos di “entiendo”. Demuestra interés para lograr que la persona siga hablando. Conteste «entiendo…», «ya veo…», «ajá…», o «eso es interesante…».

Expresa tus sentimientos, señala lo que sientes, indaga en cómo se siente la otra persona, pero recuerda no involucrar lo emocional en la resolución de la situación.

Presta atención a la actitud, ya que cualquier gesto, sentimiento o temas que evada el interlocutor pueden dar claves acerca de lo que realmente quiere decir.

Reflexionen juntos, demuéstrale al otro que te importan lo que le pasa y lo entiendes: «sientes que…» o «eso te tiene molesto».

En algún momento, saca conclusiones con un breve resumen de los hechos importantes, enfatizando el progreso hasta el momento, y estableciendo las bases para seguir hablando: “En resumen…”.

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