El misterio de Kioto

Kioto
Kioto

La antigua capital imperial de Japón posee una belleza milenaria que se disfruta a ritmo de bicicleta. La indescriptible halo espiritual de Kioto, la convierte en una de las ciudades más bellas y misteriosas del mundo.

La leyenda cuenta que una de las bombas atómicas lanzadas contra Japón en la Segunda Guerra Mundial pudo haber llegado a Kioto

Pero el ministro de Guerra norteamericano de Roosevelt y Truman, Henry L. Stimson, logró que se designaran otros blancos para salvar esta ciudad que había visitado para su luna de miel –en los años 20– y que lo enamoró por sus tesoros culturales y jardines. Kioto encanta. También confunde y abruma.

Es tan icónica y ofrece tanto al viajero que recorrerla bien no es fácil. El menú de la urbe imperial emérita nipona –fue capital durante mil años hasta que la corte se trasladó a Tokio en 1869– es impresionante y desbordante, una de las pocas que permanece casi intacta hace siglos. Tiene miles de machiya (casas tradicionales de madera), 17 templos que son Patrimonio de la Humanidad Unesco –de un total de dos mil–, cientos de palacios, monumentos y jardines tradicionales.

¿El problema en Kioto? Hay dos, pero tienen solución:

Poca gente en la calle habla más inglés que un saludo tímido. Pero la señalética, los mapas para viajeros y el sistema de transporte urbano son fáciles de entender y usar. El otro: Japón es caro. Pero lo vale, y hay suficientes ofertas para alojar, comer y movilizarse como para sentir que uno ha hecho buen uso de su presupuesto. Ojo con los ryokan, hoteles tradicionales y baratos, una característica de Kioto.

Es verdad que geishas (anfitrionas profesionales en la atención de fiestas y banquetes, e intérpretes de música y artes tradicionales japonesas) y maikos (jóvenes aprendices de geisha) circulan por las calles y pasajes del tradicional barrio Gion, donde se encuentran los anticuarios y tiendas de artesanía fina. Específicamente en la calle Hanami-koji.

La tradicción dictamina (y las tradiciones son muy importantes en Japón) que no se debe presionar el obturador de su cámara frente a una geisha. Pero al toparse frente a frente con una a veces es difícil evitarlo. Sus trajes y maquillajes las convierten en verdaderas piezas de arte.

Geishas en Kioto Japón
Geishas en Kioto Japón

Además está el fantástico e interminable mercado techado Nishiki

Cuenta con impecables locales de venta de pescado, frutas, pasteles, helado, artesanía y peluches; pachinko (máquinas de juego y apuestas), bares y restaurantes. La verdad es que no importa por dónde ni a qué hora se comienza, se sigue y se continúa el recorrido.

Aquí no hay un hito lógico como la torre Eiffel, el Central Park o la playa de Ipanema. Tampoco hay limitación de horario, porque la ciudad se mueve de noche y de día, en invierno y verano. Especialmente en sakura (la floración de los cerezos) o koto (los colores de otoño en los árboles), Kioto se repleta de visitantes. Incluso en los días de lluvia, a toda hora y en todos los sitios atractivos hay al menos cientos y casi siempre miles de visitantes tanto japoneses como del resto del mundo.

Algo inexplicablemente japonés tiene Kioto que atrapa por dos vías tan distintas: la espiritual y la material. Porque tanto como templos –casi en cada esquina– hay bares escondidos y hospitalarios restaurantes a la orilla del río Yodo, en cuya ribera los domingos descansan novios y amigos.

Kioto
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