Arte contemporáneo en La Boca

La Fundación Proa es un centro privado de arte fundado en Argentina en 1996, que desarrolla programas de educación y de intercambio con instituciones culturales. Su foco está centrado en la difusión de los grandes movimientos artísticos del siglo XX.

Diez años después de su apertura, Fundación Proa encaró un proceso de renovación que concluyó en 2008 con la inauguración de su nueva sede. Es un antiguo edificio de fachada italianizante y tres pisos que cuenta con cuatro salas de exhibición, un auditorio multimedial, una librería especializada, un restaurante y terraza, además de espacios de acción y apertura al público y una fachada transparente para comunicar experiencias desde el interior hacia el barrio.

El proyecto y dirección de las obras es del estudio Caruso-Torricella de Milán, el mismo que en 1996 transformó el antiguo edificio en un emblemático punto de referencia para el arte contemporáneo en Buenos Aires. En el proyecto de remodelación, a los dos lados del histórico y restaurado frente de la casona que hospedó originalmente a la Fundación Proa en La Boca, se incorporaron dos fachadas de vidrio de estilo contemporáneo, tanto tecnológica como visualmente.

En 1996, la muestra inaugural de la sede de Fundación Proa en el barrio de la Boca fue la majestuosa e histórica exhibición del maestro mexicano Rufino Tamayo.

La imponente muestra contó con la presencia de destacados artistas, gran cantidad de público y autoridades oficiales de México y de la Argentina. El año siguiente destacó la exhibición El Trabajo y el Arte, realizada en conjunto con la Academia Carrara de Bergamo, realizó un recorrido por toda la producción del notable artista Mario Sironi, a través de bocetos preparatorios de sus murales, dibujos, pinturas, obra gráfica y sus diseños para la ópera y el teatro.

En 2003, luego de veinte años desde el inicio del movimiento “La transavanguardia italiana”, Fundación Proa presentó una exposición de cinco artistas que impactaron en la escena internacional desde los inicios de la década de 1980.

Las primeras aproximaciones en la Argentina al nuevo movimiento se dieron a partir de las frecuentes visitas del crítico Achille Bonito Oliva, con sus estimulantes conferencias, visitas a los talleres de artistas y su activa personalidad. En este caso, con la curaduría de Achille Bonito Oliva se ofrecieron al público las primeras pinturas históricas, que ayudan a completar el marco del debate sobre el arte internacional y, a la vez, facilitar una nueva lectura de nuestro contexto en los inicios de la década de 1980.

Este espectáculo fue sin duda uno de los más emblemáticos de Proa. En diciembre de 2006, Fundación Proa decidió festejar sus diez años de vida iluminando el puente Nicolás Avellaneda, ícono de nuestra ciudad, para así redescubrirlo en una nueva mirada. Los artistas Gonzalo Córdova y Horacio Pigozzi diseñaron una instalación lumínica que transformó el famoso puente transbordador en un juego lleno de colores.

A lo largo de tres noches, el público se acercó y pudo observar la belleza de la luz reflejándose en el río e iluminando el barrio en todo su esplendor. Desde mediados de la primera década del 2000 Proa se convirtió en un espacio de exhibición de connotación mundial, lo recomendamos en un cien por ciento.

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