La importancia de controlar la rabia con los hijos

La importancia de controlar la rabia con los hijos

La importancia de controlar la rabia con los hijos

La importancia de controlar la rabia con los hijos. Familia y sociedad.

 

Los niños adquieren hábitos de comportamiento de sus padres, de hecho absorberán mucho más lo que ven que lo que se les dice que tienen que hacer. Esto significa que si un adulto no es capaz de controlar su temperamento, y de mantener la calma aún en situaciones que lo llevan al límite – algo que con niños pequeños puede llegar a ser cotidiano –, lo que sucederá que esos niños crecerán sin aprender a autorregular sus emociones y a ver en los accesos de ira una forma válida de descargar sus frustraciones.

La crianza sin violencia es una corriente creciente entre expertos en el tema, que aboga por mamás y papás que aprendan a manejar saludablemente sus emociones para educar hijos que así lo hagan.

Lo cierto es que es difícil desprenderse de antiguos conceptos que señalan que los niños no tienen ningún grado de raciocinio, y que la violencia es el único camino para que “aprendan” lo que supuestamente, deben aprender. Muchos de los actuales adultos fueron criados con palizas y fuertes reprimendas, y a la hora de encontrarse con el desafío de criar a su propio hijo o hija, es difícil desprenderse de aquellas experiencias incorporadas. Aquellos lugares comunes como “marcar autoridad”, “que sepan quien manda”, “por las buenas o por las malas”, “porque yo lo digo”, se hacen difíciles de dejar atrás.

“Los daños psicológicos en niños maltratados por sus padres son parte de los resultados de investigaciones importantes. Son consecuencia de modelos autoritarios intrafamiliares. Por otra parte los niños aprenderán a ver el maltrato como un modo de vida, y así como fueron maltratados, maltrataran a sus compañeros, amigos, luego a parejas e hijos. De acuerdo a esto, las teorías del aprendizaje social y sus representantes consideran que la disposición a la conducta agresiva es el resultado de un proceso de aprendizaje”, explica una experta.

Muchos padres se escudan en el hecho de que se los ha criado con rigidez y métodos violentos y que han logrado crecer como adultos “normales”. Es cierto, salvo que la violencia sea extrema, las consecuencias psicológicas no son evidentes. Aún así, no todas las personas están conscientes de las emociones negativas que trajo como consecuencia este modo de control. Pero basta buscar un poco bajo la superficie para ver que todo ello aparejó falta de autoestima, aislamientos sociales, insatisfacción personal, inseguridad, sentimientos de infelicidad. La violencia siempre deja su huella.

Otro mito que impide mantener una relación de respeto con nuestros hijos es la creencia extendida de que un estilo de crianza amoroso nos convierte en padres “blandos” que nuestros hijos no respetan. Los límites claros son muy importantes, pero pueden implementarse bajo una visión de ver al otro como un igual en función de sus propios pensamientos, emociones: alguien que merece ser tan considerado como nosotros. Si bien las pautas siguen siendo puestas por los adultos, los niños reciben explicaciones, alternativas, y respeto, lo que refuerza su autoestima, su autocontrol y los hace más felices.

Las risas vinculan a los miembros de la familia. Propician además el aprendizaje y la armonía. Donde hay alegría hay menos violencia. No hay que perder la oportunidad de jugar con los hijos, de divertirse y de reírse junto a ellos.

No solo los golpes afectan las relaciones en casa. También los gritos y ofensas son nocivos tanto para los niños como para los vínculos. Por eso es tan importante aprender a mantener la calma y comunicar lo que requerimos de ellos de manera abierta y tranquila, generando una comunicación fluida. Una confianza que será la base para cuando los chicos inicien su etapa de adolescencia. “Así, los mensajes y supervisión de papas serán parte de la dinámica diaria, con menor resistencia”, agrega la experta.

“Tengamos presente que siempre será una aventura y mejor apuesta tener un trato respetuoso con nuestros hijos donde resalten los sentimientos positivos y ausencia de agresiones físicas, verbales y morales. Conectarnos con sus necesidades y desde una relación en sintonía podamos criar mayor cantidad de familias en armonía”, concluye.

El desafío de aprender como adultos a controlar y manejar las emociones no sólo nos hará más felices y plenos, sino que también hará que criemos hijos felices y con mayores herramientas para desenvolverse en la vida.

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