Sobre la momificación animal

El antiguo Egipto y los pantanos de Europa nos han dejado numerosos ejemplos de animales –perros, babuinos y más- que han resistido el paso de los milenios.

Mummies of the World: The Exhibition, muestra recién inaugurada en el Centro de Ciencias de Orlando, cuenta con varios de esos tesoros históricos.

 

Sobre la momificación animal

Los cuerpos fascinantes que asociamos con las momias –vendados con sumo cuidado y recubiertos de oro- no representan a la mayoría. Las momias que se producen naturalmente son mucho más comunes que las preparadas, asegura Heather Gill-Frerking, curadora de investigaciones científicas de Mummies of the World.

La falta de oxígeno, el aire seco y el calor o frío extremos pueden momificar un animal o una persona. Tomemos el caso de los “cuerpos del pantano”, asombrosamente conservados debido a la acidez y la escasez de oxígeno de las turberas.

Las momias animales también pueden poner al día la ciencia moderna. Por ejemplo, la liebre alpina de la exhibición fue hallada a una altitud mucho mayor que su hábitat actual, lo que podría llevar a los biólogos a reconsiderar el territorio histórico de la especie.

Las famosas momias animales de Egipto cumplían varias funciones; entre ellas, representar a los dioses. Por ejemplo, los millones de caninos enterrados en las Catacumbas de los Perros fueron dedicados a Anubis, divinidad del más allá representada con cabeza de chacal.

Esas momias pueden aportar pistas sobre las prácticas culturales egipcias, asevera Sandra Wheeler, antropóloga de la Universidad de Florida Central, en un correo electrónico.

Científicos han desenterrado momias de babuinos con brazos o piernas fracturadas y completamente restablecidas, lo que sugiere que quizás eran animales mantenidos en cautiverio en el antiguo Egipto. Eso apunta a que “existió un mercado lo bastante importante para criar animales con este propósito”, conjetura Wheeler.

Las momias animales experimentales permiten que los científicos analicen el proceso natural de momificación. De hecho, la exhibición del museo de Orlando incluye una momia humana experimental moderna, llamada MUMAB. Gill-Frerking ha sepultado cerdos en pantanos de turba para investigar cómo se desarrollaron las momias en esos sitios. La curadora cuenta que, al cabo de seis meses, el pantano desmineralizó los huesos suficientemente para volverlos flexibles.

Al cabo de dos años, los cerdos “aún eran hermosos” y en buena medida, conservaban el aspecto que tuvieron en vida. Sin embargo, la científica se llevó una sorpresa: debido a los gases producidos durante la descomposición, “cuando toqué uno para excavarlo, explotó en mis manos”.

Los shuar o jíbaros de Perú y Ecuador practicaban otra forma de momificación: encogían las cabezas de enemigos muertos en batalla, práctica que ya ha sido prohibida en esas comunidades.

La reducción de cabezas consistía en retirar toda la piel para remojarla en zumos calientes que contenían taninos naturales. Una vez seca, la rellenaban repetidas veces con arena y piedrecillas calientes, y trataban el exterior con aceites vegetales. Todo el proceso demoraba seis días.

Una de las exhibiciones de momias explica cómo enseñaban las destrezas de momificación a los niños. Los varones primero aprendían a cazar con hondas y luego reducían cabezas de perezosos como ensayo para el momento de la verdad, informa Gill Frerking.

La exhibición incluye una cabeza de perezoso reducida en un estado de conservación sorprendente, incluyendo su vívido pelaje.

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