Ocho casas, tres patios: arquitectura revolucionaria

“Día – noche” es un especial que trata sobre la relación de los cuerpos construidos con el ciclo de luces y sombras: en la preparación del número fueron convocados iluminadores, arquitectos y especialistas a discutir sobre la noche, la ciudad, los edificios y la luz natural.

El siguiente es un proyecto de los arquitectos Romera y Ruiz [www.romerayruiz.com]. Se trata de un edificio de viviendas ubicado en Gran Canaria, España. Y corresponde a un muy buen ejemplo de la temática de este especial.

Un edificio de viviendas de fachada continua y baja altura es pensado como un volumen penetrable por la luz natural. Al interior, se generan tres patios de colores diferentes que hacen ingresar la luz y que permiten caracterizar los recintos. La fachada, por su parte, es dinámica y cambiante, según sus aperturas al contexto.

El término “inscrito”, tomado de la geometría, induce a encontrarse con las consecuencias de la ciudad densa, que crece más en horizontal que en vertical. La concreción a la que someten los límites irregulares y quebrados de las medianeras, lejos de ser percibida como un rasgo negativo, realza las formas y los cuerpos, y les confiere la cualidad de ser manipulados al interior.

Este edificio ha sido concebido para favorecer la interactividad social, entre lo público y lo privado del espacio doméstico. La fachada poligonal, prevista para las viviendas, se convierte en la parte más singular del proyecto; probablemente en la imagen del mismo, pues no hay otra hacia el exterior.

Se establece allí un juego de luces cromáticas de los patios coloreados en azul, amarillo y verde, con las viviendas, a través de su combinación con la fachada. Entre las posibilidades del juego propuesto, los usuarios irán conformando la imagen a la calle según sus necesidades o costumbres.

Por otro lado, a mayor altura hay más exposición solar y la estructura responde, a su vez, con mayor espesor. El  color es entonces un elemento esencial de la obra; surge de la búsqueda de espacios con carácter, espacios discretos, donde contenedor y contenido establecen relaciones dialécticas.

Las viviendas disfrutan de tres patios monocromáticos, que filtran y tiñen la luz natural con matices en tonos azulados, ocres y verdes. Los dormitorios, por ejemplo, se abren hacia el patio ocre, para procurar resaltar la sensación vitalista que desprende esta luz.

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