Consejos de viaje a Estambul



Visitar una mezquita nunca fue tan entretenido

Los números impresionan: tres mil centros religiosos musulmanes –entre mezquitas y otros menores– pueblan la ciudad de torres y minaretes, y conviven con otras creencias, rodeados de hordas de turistas y de un comercio desbordante.

Lo humano y lo divino, todo junto. Nada simboliza mejor esta mezcla que la catedral de Santa Sofía, la única del planeta que ha pasado por las manos de tres religiones distintas. En verano los niños se bañan en sus piletas y comen algodones de azúcar.

Consejos de viaje a Estambul

Aquí todo, ¡todo! se vende

Para los latinos –me atrevo a aventurar que también para los anglosajones–, el turco es simplemente un idioma inentendible. Mejor ni intentarlo. Pero tome nota del siguiente término: indirim. Para los amantes de las compras –y yo recorrí esta ciudad con dos de esos especímenes–, es la palabra clave; indica que es temporada de liquidaciones.

Ir al Gran Bazar y al Bazar de las Especias es lo típico, pero en cada esquina hay algo donde vale la pena detenerse, como las coloridas tiendas de dulces turkish delight o los tipos que, apostados con una artesanal bandeja en cualquier esquina del céntrico barrio Gálata, venden nueces tostadas o choritos ahumados. Sí, choritos, con concha y todo. El limón viene incluido en el precio.

 

Caminar por sus calles es un evento

Con 14 millones y medio de habitantes –según cifras oficiales–, la antigua Bizancio o Constantinopla es hoy una de las urbes más pobladas del mundo, pero ninguna otra tiene una mezcla cultural tan fuerte. “Si el mundo fuera un solo país, su capital sería Estambul”, resumió Napoleón. Y recuerde esto: si ve a dos amigos tomados del brazo o abrazados, no crea que está frente a una postal gay. No trate de entenderlo todo, recuerde que se trata de otra cultura. Una cultura milenaria por lo demás.

Caminar por sus calles es un evento
Caminar por sus calles es un evento

 

Siempre es hora del té

En cualquier momento y en cualquier lugar hay grupos tomando el té en alguna terraza o en una improvisada esquina. Lo sirven en pequeños vasos y se sientan en torno a mesas bajitas. El té es exquisito, intenso, y es el descanso ideal para hacer un alto en una ciudad que no se detiene.

 

Dos mundos a la vista

La “ciudad de las siete colinas” es la única que se levanta sobre dos continentes: Asia y Europa, atravesada por el estrecho del Bósforo que une los mares Negro y de Mármara. Posarse sobre cualquiera de sus cerros ofrece una impactante vista de uno o de los dos continentes, por eso se dice que los mejores rooftops o terrazas en altura se encuentran aquí. Se puede disfrutar de la mejor comida o de unos tragos y hasta música de Dj sobre alguna terraza. Los restaurantes Leb-i-derya y Zuma no fallan.

Dos mundos a la vista
Dos mundos a la vista

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