Malos hábitos que deterioran la relación de pareja

Nadie es perfecto. Una de las claves de las relaciones de pareja duraderas son la aceptación y la tolerancia con aquellos aspectos del otro que no nos gustan. Pero de todas formas, también es necesaria la autocrítica constructiva, que permita individualizar aquellos aspectos de nuestra propia personalidad que resultan molestos, y que con algo de esfuerzo, podemos modificar o mejorar. Una breve reflexión sobre los malos hábitos que deterioran la relación de pareja, para ayudarnos a repensarlos.

El problema es cuando estas actitudes se tornan costumbre, y volvemos a ellas una y otra vez. En esos casos, es cuando pueden volverse muy corrosivas para la relación, y es necesario revisarlas.

Recurrir en forma constante a familiares o amigos cada vez que haya un problema en la pareja, en lugar de dialogar con el otro, hace que se mezclen demasiadas voces y opiniones que sólo entorpecen las cosas. No está mal hablar de lo que pasa con otros cada tanto, pero no recurrir a ellos sistemáticamente en lugar de resolver las propias cuestiones uno mismo. Quien opina desde afuera lo hace desde su perspectiva, sin conocer el verdadero contexto.

Discutir en público puede llevar sólo a situaciones muy embarazosas para la pareja como también para quienes sean eventuales testigos. Es mejor respirar hondo, dejar pasar la situación y si hace falta, retomar en privado.

El conflicto en su justa medida. No es sano no discutir nunca por nada, significa que algo anda mal, alguien está resignando todo el tiempo para evitar la confrontación, lo que a la larga puede resultar una bomba de tiempo. Una pareja sana también discute, pero claro, no lo hacen todo el tiempo ni por temas triviales.

No hablar sobre los problemas sólo los hace crecer y agravarse. Evitando hablar de algo que no podemos resolver, sólo hará que un pequeño problema se puede convertir en uno importante. No se debe caer tampoco en el exceso de análisis, esto es, hablar de cada pequeño conflicto y desmenuzarlo durante horas. Lo importante es no ignorar los conflictos, sino afrontarlos.

La confianza es la base de la pareja, caer en la tentación es espiar correos electrónicos, perfiles de redes sociales o el celular, es abrir una puerta a que las sospechas crezcan y a desarrollar una obsesión por buscar algo. No encontrar nada, no deja tranquilo a nadie: queda la sensación de que por esta vez no hubo resultados, pero quizá la próxima sí. En esto, es bueno ponerse en el lugar del otro y pensar si nos gustaría ser espiados.

Todos somos diferentes, esto quiere decir que comparar es totalmente nocivo, no hay que comparar a la pareja con el novio o la novia de tal o cual, mi cuñado, mi papá, mi hermano, ni muchísimo menos de los ex. Ni siquiera cuando son positivas, son buenas las comparaciones.

Criticar a la familia política abre otra puerta que no queremos abrir, pues la pareja se sentirá autorizada a criticar a la familia de uno. Una vez que eso sucede, los pases de factura serán interminables, pues la realidad es que siempre nos sentiremos un poco ajenos a la familia del otro, por lo tanto nunca terminaremos de coincidir al 100 por ciento, así que comenzar a criticar estos aspectos sólo llevará al conflicto y a la discusión.

Exigirle al otro que cambie sólo lleva al conflicto. Todos podemos superarnos, pero estar todo el tiempo pidiéndole al otro que cambie, es contraproducente. Hay que aceptar tal cual es a la persona elegida, con sus defectos y virtudes. Y en todo caso, cuando algo tiene que cambiar, lo primero es ver qué es lo que hay que modificar en uno mismo.

Los celos son el gran mal de la pareja. No está mal sentir algunos celos cada tanto, pero volverse un celoso enfermizo es el camino al fin de la relación, las escenas constantes e injustificadas son insostenibles. La confianza en uno mismo y en el otro, como se dijo, son un elemento infaltable en una relación de pareja saludable.

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